Una excavación de 18 metros en Apoquindo con edificios colindantes de los años 70 no es un trabajo de rutina. La grava fluvial de Las Condes, con matriz areno-limosa y bolones erráticos, se sostiene bien en vertical solo hasta cierto punto; después empieza a relajar y transfiere carga a las estructuras vecinas de forma impredecible. En este escenario instalamos inclinómetros, celdas de carga en puntales y piezómetros para leer cada milímetro de desplazamiento y cada variación de presión de poros. El monitoreo geotécnico de excavaciones en Las Condes no consiste en instalar instrumentos y olvidarse: implica interpretar datos cada 24 horas, correlacionarlos con el avance de la obra y ajustar la secuencia de excavación antes de que una grieta en el muro vecino detenga todo. Muchas veces complementamos el control de deformaciones con un ensayo CPT para verificar la resistencia real del estrato de apoyo cuando los sondajes previos fueron escasos.
En Las Condes, un asentamiento de 3 mm en una vereda puede indicar el inicio de una falla progresiva que cuesta 40 veces más reparar que monitorear.
